La Concertación perdió el Gobierno y ha comenzado a oírse cada vez con más fuerza el clamor de viejos profetas, junto al de periodistas preocupados por la falta de libertad de expresión y de otros angustiados por la falta de pega; al de políticos cesantes, activistas egomaníacos y al de gente bien intencionada, que demandan en cada esquina la necesidad de crear un nuevo diario.
Algunos lo hacen a poto pelado. Otros, pidiendo plata en el paseo Ahumada.
No he visto a nadie, sin embargo, preguntarse: ¿Para qué queremos un diario? O más bien ¿Es un diario la panacea que
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Una carta a un pez adosada: poesía nipona





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