Esta mañana desperté con la inesperada noticia de la muerte de Patricia Verdugo. Como muchos, creo que pasaba mis días confiando en que había Patricia para rato y no me detuve, cuando pensé en ella, a llamarla, a preguntar cómo estaba. No alcancé a decirle que la quería y lo mucho que su forma de vivir la vida y el periodismo significó para mí. No alcancé a agradecerle. Y ahora ya es tarde. Aunque no alivia la falta, al menos puedo compartir con ustedes algunas lecciones que ella me enseñó. Primero que nada, la generosidad de los grandes. Aunque no nos conocíamos en persona, Patricia fue una de las primeras en expresarme su solidaridad cuando tuve que salir de Chile por la censura al Libro Negro... Lo suyo no fueron sólo palabras formales. Me dio ideas y consejos más que útiles. De visita en Estados Unidos, se dio tiempo para pasar una tarde conmigo. Hablamos como viejas amigas, de todo y sin máscaras. Varias cosas me impactaron ese día, pero entre todas, la pasión con que ella vivía y disfrutaba la vida. Y una lección periodística que me enseñó y que luego compartí con mis alumnos, cuando hacía clases: la verdadera independencia periodística es la independencia económica. No se puede ser independiente si hay dividendos que cubrir a fin de mes. Hay que vivir de lo que se gana y con lo que se gana. Es una lección dura de practicar hoy en día y debo confesar que no siempre he podido seguirla al pie de la letra, pero sí estoy convencida de la validez del principio. Y doy fe de que Patricia sí era fiel a lo que predicaba.
Después de aquella deliciosa tarde, Patricia y yo nos encontramos en México y en Chile, a mi regreso, en algún café, en su casa, en el lanzamiento de algún libro y seguíamos conversando. Ella siempre estuvo disponible para las oleadas de alumnos que yo le enviaba periodódicamente para que la entrevistaran y se maravillaran con su trabajo y con sus ideas. También, generosamente, nos ayudó en más de una ocasión en los reportajes que plublicamos en el Plan B. Un día le perdí el rastro. Me sumergí en mis preocupaciones y actividades, confiando ilusamente en que en cualquier día me la encontraba en un café y podíamos retomar nuestra conversación permanente.
Cada cierto tiempo me preguntaba en qué estará. De qué estará escribiendo. Su muerte es la última lección que me quedará de esta gran periodista -Los zarpazos del Puma es, sin duda, el precedente y la medida del trabajo que otros hemos intentado hacer después-. Es la enseñanza de que la muerte no espera a nadie, menos a mi desidia para expresarle el cariño y agradecimiento que le quedé debiendo. Voy a despedirme de Patricia pasando lista a las palabras que tengo pendientes, para enviarlas a sus destinatarias/os de inmediato.









Una carta a un pez adosada: poesía nipona





soy una mujer de 51 años , lectora consumada , en especial de los libros de investigacion periodistica , siempre insto a mis hijos y nietos a leer y saber que sucedio en este pais , para que no olviden que el presente y el futuro se hacen conociendo el pasado , lamentablemente fuera de los "zarpasos del puma " no he tenido la ocasion de leer mas libros de esa tremenda periodista llamada Patricia Verdugo , y ahoar no tengo los medios para comprarlos , si me indicaran donde encontrarlos para leerlos en linea o poder bajarlos , les quedaria muy agradecida .