Antonio ha escrito un comentario reprochándome que me atribuya la calidad de exiliada durante el tiempo que viví como asilada política en Estados Unidos pues, en su opinión, eso ofende a los verdaderos exiliados, que son quienes fueron expulsados de Chile durante la dictadura de Pinochet. Sin ánimo de polemizar con una concepción respetable de la realidad, quisiera exponer lo siguiente:
La Real Academia de la Lengua sólo reconoce la palabra "exilio", y la define como "separación de una persona de la tierra en que vive" y "expatriación, generalmente por motivos políticos". El dicccionario no contiene la expresión "autoexilio", que Antonio me recomienda para describir la situación que viví. Y yo creo que esa acepción no está considerada porque es un eufemismo. Es decir, una expresión inventada para tratar de minimizar la potencia de la palabra que mejor describe una realidad. Como cuando a los despedidos de un trabajo se les llama eufemísticamente "desvinculados" Yo también viví en dictadura y sé, porque tengo amigos y parientes que sufrieron el exilio, y porque me ha correspondido reportear y entrevistar a muchas personas que lo vivieron, lo doloroso, triste, injusto que fue. Sin embargo, también en su momento se hicieron disquisiciones odiosas entre quienes fueron expulsados del país -los exiliados- o quienes huyeron antes de ser detenidos, torturados, hechos prisioneros por sus ideas, muertos o exiliados -los "autoexiliados"-. Había quienes se mofaban de los exiliados diciéndoles que se ganaron "la beca Pinochet". A mí nunca me hicieron gracia estos chistes. Tampoco compartí nunca la otra distinción odiosa sobre si sufrieron más los que se quedaron o los que se fueron. ¿Sufrieron más las madres de los detenidos desaparecidos o las de los ejecutados políticos, los torturados por la DINA o los torturados por la CNI? ¿Y cuál sería, de haberlas, la consecuencia de las respuestas? Resulta evidente, en mi opinión, que las violaciones a los derechos humanos son todas graves e inaceptables y que es caer en la trampa del violador de esos derehcos intentar pesarlas según cuantía del sufrimiento. Fui opositora a la dictadura como lo fue todo chileno con el corazón bien puesto, entre muchas otras razones, porque anhelaba un sistema democrático que garantizara el derecho a ejercer mis derechos, valga la redundancia, en particular mi derecho a la libertad de expresión que es, entre otras cosas, condición sine qua non para hacer mi trabajo. No hubo nada de "auto" en mi exilio. Era eso o cárcel por cinco años en castigo por el ejercicio de mis derechos, según estableció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al aceptar mi demanda contra el Estado de Chile. Inaceptable en dictadura e inaceptable en democracia. Que yo intentara hacer valer mis derechos en nada contraviene a quienes lo hicieron en dictadura. Pensar lo contrario llevaría a la conclusión de que en democracia hay que aceptar todos los abusos en memoria de quienes los sufrieron en dictadura. Un argumento falaz y sin embargo parece no ser sólo la opinión de Antonio. El Estado de Chile se niega a reparar el daño causado con la censura de El Libro Negro con un razonamiento parecido al de Antonio: el daño que se me provocó, dice el Consejo de Defensa del Estado, fue "legítimo". No creo que ese sea el país que soñaron quienes sufrieron y murieron defendiendo la democracia.
Por último y en otro aspecto menos relevante, Antonio se hace eco también de la crítica mercurial que se hizo a El Libro Negro... Que las fuentes son anónimas y que se trata de la vida personal de las personas retratadas. Yo rechazo ambos cargos. El primero, porque quien haya realmente leído el libro notará que todas las fuentes están citadas a pie de página. Sólo en algunos casos justificados y ratificados por otras fuentes nominadas, se citan entrevistados que pidieron omitir su identidad. Esta es una herramienta legítima del periodismo, tan legítima que está resguardada legalmente y es de uso diario en el periodismo en Chile y mundial. El caso más famoso del periodismo de investigación -Watergate- no hubiera sido posible sin esta garantía. Sobre el segundo punto, El Libro Negro no describe las conductas privadas de los ministros, sino sus conductas personales en relación con el ejercicio del cargo, dentro del edificio de tribunales, en horarios de trabajo, materia que en cualquier manual sobre periodismo es descrita como de interés público. Por último, para tranquilidad de Antonio, puedo decirle que el contenido de El Libro Negro no ha sido desmentido y, aún más, los hechos posteriores (como la destitución de algunos de los jueces mencionados allí) y el paso del tiempo no han hecho sino confirmarlo.
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Soy periodista titulada de la Universidad Catolica en Chile hace 23 años. Acabo de regresar a Chile, tras titularme como Master en Administración Pública en la Harvard Kennedy School. En 2009 fue becaria de la 









Una carta a un pez adosada: poesía nipona



Si nos guiaramos solo por ese concepto, entonces nunca mas habrian exiliados en Chile (lo cual seria maravilloso) pero lamentablemente no es asi.
Parafraseando al caballero pero al reves "muerta la perra, no se ha acabado la leva"