Queridos amigos: quiero compartir con ustedes una carta que escribió Dauno Tótoro sobre María Música. Me parece lo mejor que he leído sobre el jarrazo. Y contiene una severa acusación contra la ministra Jiménez, que es necesario conocer si uno quiere tener un juicio informado sobre estos hechos.
H2O
Por Dauno Tótoro
La
Ministra que presidía el eufemístico "encuentro participativo" no
contestó. Sus guardaespaldas suspendieron la cita. Lo de la niña, abrumada por
el silencio y la indiferencia a modo de única y bastarda respuesta, es un
argumento, simbólico, pero tremendo argumento. "Era como hablarle a la
pared", dijo María Música horas más tarde al explicar su acción.
Tengo
una hija de la misma edad que la estudiante del jarro de agua, y un hijo de
quince años. Hay otra de dos años que aún no ha sido bautizada por el lanza
aguas. Sería el colmo. El de 15 ha llegado a casa mojado y asustado luego de
cada *manifestación pingüina*. Y al día siguiente parte otra vez. Claro, cada
vez que va, en casa quedamos con los dientes apretados. Debe ser porque algunos
padres de mi generación tenemos experiencia respecto de lo que se arriesga.
De eso
quiero hablar: conocí a la Ministra Jiménez. Sé de lo que estoy hablando.
Mucho
antes de que la niña del jarro de agua naciera, en aquel ahora lejano 1986, fui
expulsado de la Universidad Católica de Chile por participar activamente en el
movimiento estudiantil que se agitaba en busca de democratizar la Universidad y
el país. A sólo un semestre de terminar mi carrera, el Consejo de Rectores, por
recomendación del por entonces mandamás de la PUC, Juan *de Dios* Vial Correa,
decretó mi alejamiento de las aulas universitarias, las de la PUC y las de
cualquier otra universidad del país para siempre.
Se armó
tremendo escándalo pues este "peligro para la convivencia académica"
era dirigente de la FEUC, Consejero Estudiantil en el Consejo Superior de la
Universidad y Presidente del Centro de Alumnos de su carrera.
Fue entonces que entró al baile la señora
Mónica Jiménez, en aquella época
Presidenta de la Asociación de Académicos de la PUC y miembro del
Consejo Superior de esa casa de estudios, sitio en el que coincidía
regularmente conmigo, para su desgracia y la de las demás autoridades
pontificias.
Haciendo
demostración de su "espíritu democrático y profundas convicciones
católicas", propuso al rector solucionar el entuerto mediante el diálogo.
Fui citado a la oficina de Vial Correa, donde Mónica Jiménez, nuestra actual
Ministra de Educación, me brindó una clase magistral de conceptos democráticos
y del significado profundo del arrepentimiento cristiano. Dijo la señora
Jiménez que le recordaba enormemente a su padre cuando éste tenía mi edad,
"igual de vehemente, de apasionado, de arriesgado en la defensa de sus
erróneos principios políticos”. Su padre, me explicó ella, “era militante de la
ultraderecha de sus días". Luego se extendió en una larga arenga en torno
a un único concepto: a la Universidad se va a estudiar, no a hacer política.
Para rematar, me hizo la propuesta que había convenido con el rector: que
firmara un documento que habían preparado para tales efectos, mediante el cual
me comprometía a renunciar a mis convicciones políticas de izquierda; a
renunciar a mis responsabilidades como dirigente estudiantil; a declarar
públicamente ante la comunidad universitaria que me había equivocado al suponer
que los recintos universitarios eran un campo de batalla más en la lucha contra
la dictadura. "Firma este documento", me sugirió, "y de
inmediato la sentencia de expulsión quedará sin efecto".

Soy periodista titulada de la Universidad Catolica en Chile hace 23 años. Acabo de regresar a Chile, tras titularme como Master en Administración Pública en la Harvard Kennedy School. En 2009 fue becaria de la 








Una carta a un pez adosada: poesía nipona



No hay justificación alguna.
Gabriel Mata
aficionado a la música
Ya lo había leído. Creo que en el Clinic salió... Pero sigo pensando que es una falta de respeto tirarle un jarro de agua a quien sea. No hay justificación que valga. Le quita valor a todo los derechos por los que se pueda protestar.