Hace una semana estuve en Canadá participando en un foro-panel titulado: El cuarto Poder. Los medios y el desarrollo democrático, invitada por el Centro de Investigaciones Internacionales para el Desarrollo, junto a tres destacados periodistas, provenientes de zonas del mundo que, por estos lares, sólo vemos en CNN y en algún artículo sobre picadas exóticas en la revista Viajes, de El Mercurio: Mathatha Tsedu (Sudáfrica), Humaira Habib (Afganistán) y Hossein Derakhshan (Irán).
Fue un viaje de locos, pues estuve apenas dos días. El 31 de Octubre, en Toronto, participé, junto a mis colegas, en la premiación a tres periodistas por el coraje de ejercer su oficio de zonas devastadas por los conflictos y la guerra. Dos de los premiados habían sido asesinados: Sahar al-Haideri, de Irak, fue acribillada por cuatro sicarios en junio de este año. Tenía cuatro hijos quienes, junto a su esposo, se habían mudado a Siria un año antes para escapar de la persecución. Lo irónico del caso es que ninguno de ellos pudo viajar a Canadá a recibir el premio, porque el gobierno de ese país les negó la visa, y los organizadores -una poderosa asociación de periodistas por la libertad de expresión de Canadá- tuvieron que conformarse con mostrar un video en que el marido de Sahar aparecía aceptando el premio.
El Segundo periodista, reconocido en forma póstuma, fue Ali Iman Sharmarke, quien había emigrado a Canadá y hasta obtuvo la nacionalidad canadiense, pero que en 1999 regresó a su país natal, Somalia. Allí fundó HornAfrik, un canal de televisión hecho con más ganas que recursos y que se convirtió en todo un éxito de audiencia. Ali fue asesinado el 11 de agosto de este año, cuando asistía al funeral de otro periodista, con una bomba a control remoto instalada en su auto.
La única reportera que sobrevivió para recibir el premio fue Farida Nekzad, de Afganistán, la directora de Pajhwok News Agency, la única agencia de noticias independiente en ese país. Pero tampoco está fuera de peligro. Al recibir el premio contó que vivía con miedo, constantemente amenazada y cambiando casa y rutina para eludir a los matones. 
Al día siguiente, en Ottawa, se realizó el foro-panel, motivo de nuestro viaje, ante una audiencia compuesta fundamentalmente por periodistas canadienses. Para mí, lo más gratificante del encuentro,fue escuchar a Mathatha Tsedu. Siempre me ha parecido que hay paralelos notables entre lo ocurrido en Sudáfrica y el proceso chileno. No sólo por las soluciones políticas que se idearon para salir de un régimen opresivo a la democracia, sino por el tipo de sociedad en que vivían los sudafricanos y cómo la han transformado. Si se mira con atención, la nuestra también es una sociedad altamente segregada. Aquí hay, por un lado, diarios para blancos, colegios para blancos, barrios para blancos, trabajos para blancos; y, por el otro, poblaciones para negros, escuelas para negros, salud para negros, televisión para negros. Sin embargo, entre muchas otras diferencias entre ambos procesos de transición, está la siguiente: Los negros en Sudáfrica ganaron. Ahora ejercen el poder. El diario en que trabaja mi colega como editor general publica 200 mil ejemplares diarios. No es un diario alternativo.
Aquí, los negros tuvieron su día de Gloria, el 5 de octubre de 1998, pero si miramos crudamente, el poder lo siguen ejerciendo, en realidad, los blancos. Nuestra democracia no ha terminado con el appartheid. Si les parece que el juicio es poco objetivo, consideren estos datos publicados por la revista Qué Pasa, al asumir el Gobierno de Bachelet: si bien todos los parlamentarios tenían domicilio acreditado en sus respectivos distritos y circunscripciones, un 48,3 por ciento de los diputados y un 63,2 por ciento de los senadores vivían en Santiago. De estos, un 71 por ciento de los diputados de la Alianza se concentraban en tres comunas: Vitacura, Lo Barnechea y Las Condes. En el caso de los senadores de ese pacto, el porcentaje subía a 100 por ciento. En cuanto a la Concertación, a estas tres comunas, agregaban Las Condes y Providencia. Ninguno de los parlamentarios de oposición o gobierno- tenía a sus hijos en un colegio municipalizado.
PD: Los realmente fanáticos, pueden escuchar una entrevista a tres voces que nos hicieron a Hussein, Mathatha y a mí, en Tam-Tam Canada (RCI), en el siguiente link (Está en inglés):
http://www.rcinet.ca/rci/fr/emissions/archives/archivesDetails_1946_05112007.shtml
O escuchar la entrevista que di a Canadá en las Américas (RCI) (En Español) en este otro link:
http://www.rcinet.ca/rci/es/emissions/1420.shtml

Soy periodista titulada de la Universidad Catolica en Chile hace 23 años. Acabo de regresar a Chile, tras titularme como Master en Administración Pública en la Harvard Kennedy School. En 2009 fue becaria de la 









Una carta a un pez adosada: poesía nipona



muy buen artículo