FAMILIA

Hace siete años, un día de agosto, en la maravillosa ciudad de Sydney, Australia, nacieron mis hijos, mis mellizos a quienes aquí llamaré Paula y Arturo.  No fueron prematuros, nacieron con buen peso, lo que en cierta forma justifica mi enorme y voluminosa panza y un aumento en mi peso de 32 kilos.  Los dos primeros años de su vida y la nuestra, puesto que no hay que olvidar que ese día de agosto, también nacimos nosotros como padres (me refiero a mi marido y a mí, claro), fueron difíciles y fáciles a un tiempo, de adaptarse a nuevos horarios, de mucho cambio de pañales, de  una interminable preparación de biberones (utilizaré aquí este término para los lectores que no son chilenos), de primeras risas y primeros pasos y de viajes; sí, de viajes, a los cinco meses de vida, mis hijos ya habían cruzado el atlántico dos veces, costumbre que continúa hasta el día de hoy, son grandes viajeros, aprendieron desde la cuna.  También hubo momentos difíciles, como cuando se enfermaban, eran unos diligentes mellizos cuando caían enfermos, si uno vomitaba el otro no se quedaba atrás, si uno tenía  bronquitis el otro no lo hacía nada de mal tosiendo hasta más no poder y era de esperarse, ya que muchas veces los sorprendí intercambiándose el chupete o las botellas de agua.  Una de las cosas más lindas de esos años, fueron sus primeras palabras, una mezcla de inglés y español, dado que daddy siempre les habla en inglés y mami siempre en español, aún los recuerdo diciendo la palabra “bird” que significa pájaro, para señalar a los plumíferos que se paraban en nuestro jardín.  No recuerdo bien cuando aprendieron a decir mamá y papá, más bien recuerdo que se llamaban el uno al otro, Arturo llamaba a Paula “PA,PA,PA” y Paula lo llamaba “AAAAAA”.  Milagrosamente, se entendían.  Hasta sus dos años y medio vivimos en Australia y después volvimos a Chile.  Aquí conocieron a sus primos, fueron al jardín y ahora asisten al colegio (o escuela).  Somos una familia internacional, como es cada vez más normal en este mundo global.  Para el recién pasado mundial de fútbol, alentamos a cuatro equipos que son parte de la historia familiar:  Chile, Australia, Grecia y Alemania.  Nos reímos mucho cambiándonos de camisetas y también sufrimos con las derrotas de nuestras equipos.  Me imagino que en otras familias es parecido,  mi marido y yo realmente disfrutamos mucho criando a Paula y Arturo y siendo parte de una familia multicultural.  ¿Y tu familia?

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